martes, 10 de mayo de 2011

Día de las madres: el peor día para ir a un restaurante

Hoy es Día de las Madres.
Día de restaurantes llenos de comensales molestos y hambrientos por la larga espera, debido a que cuando llegaron no había mesas pequeñas o grandes, no importa. El resultado será una mesa llena de familiares hartos, que no cesan de enviar y recibir mensajes, de preguntar a qué hora les van a servir y al final será casi imposible ocultar la insatisfacción por el menú especial, que fue especialmente insípido, por decir lo menos, pues además de que no había mucho de dónde escoger, el platillo elegido se aleja completamente de las expectativas despertadas por la descripción que aparece en la carta o la recitada por el atareado mesero.

Día del peor servicio imaginado en un restaurante, el cual es totalmente impersonal, aunque a la entrada una amable persona haya entregado una rosa a todas las mujeres, que desde su aguda visión, tengan edad de ser madres, abuelas o bisabuelas. Si son tías, primas o amigas sin hijos no importa, es el Día de las Madres y casi por extensión de las mujeres, porque desde la perspectiva de algunos solamente así la mujer logra la realización y casi que la justificación de ocupar un lugar en este mundo.

Día de discusiones, como las que surgen todos los días, nada más que con la característica de que quienes se reunieron en el restaurante para festejar a mamá y a las mamás-esposas, a las mamás-hermanas, a las mamás-tías, a las mamás-sobrinas, a las mamás-nietas y hasta a las mamás-bisnietas esperan que ellas se muestren agradecidas por haber logrado que la familia se reuniera a festejar a mamá, a esa mamá que preferiría estar viendo una película y comiendo palomitas, aunque sea de microondas, en la comodidad de su sala o leyendo un libro sin que nadie la interrumpa, dando sorbitos a un café recién preparado, humeante y reconfortante.

Día de desajustes presupuestales, ya que el menú especial del Día de las Madres no incluye bebidas, ni buenos postres, ni un café decente. De manera que al precio especial, especialmente alto, del menú se deben sumar todos esos acompañantes indispensables para que la comida sea pasable. Mamá no la pasará tan bien porque la asusta la cuenta, que no va a pagar ella, directamente. Siente que falló como mamá, que no supo educar a sus hijos, por más que siempre les advierte que se abstengan de pedir más de una bebida y que por supuesto no lleguen al postre. Y como si no fuera suficientemente tenebroso el asuno, en el Día de las madres las porciones del menú especial, además de insípidas son pequeñas y no habrá sobras para la cena o para la comida del día siguiente, como cuando salen a comer en un día que no es el Día de las Madres, así que tendrá que pensar en la cena de esa noche y en la comida del siguiente día.

Día de embotellamientos, de automovilistas desesperados. Parece que a todo el mundo se le ocurrió salir a festejar a mamá, parece que a todo el mundo le entró el remordimiento de ver a la mamá atareada toda la vida, sin darle el gusto de salir en un día tan importante y publicitado hasta la madre.
Día de terminar agotada, pensando en todos los pendientes que dejó por haber salido al restaurante que ni le gustó.

Día de las madres, por fortuna solamente hay uno cada año. 

 

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