sábado, 1 de enero de 2011

La cara oculta de la sobremesa




Después de varias horas de compras y preparación la cena quedó lista, la cocina limpia y los anfitriones listos para recibir a los invitados. El gusto del encuentro se manifestó con algún aperitivo que se disfrutaba mientras la plática fluía. Los cinco anfitriones nos encargábamos de que no hubiera vasos ni copas vacíos, que la música fuera del agrado de todos y de los últimos detalles para iniciar la cena.
Por fin, cuando la ensalada estuvo emplatada pasamos a la mesa, alrededor de las once de la noche. Anoche la mayoría prefirió cenar antes del brindis de Año Nuevo, de manera que se trató de una cena de Nochevieja. Los platillos nos quedaron deliciosos: ensalada verde con queso, palmitos, aguacate y jamón serrano; crema de pimiento rojo; lingüini al peso, lomo en salsa de ciruela y tarta de fresas y zarzamoras.
Poco antes de iniciar las doce campanadas, cada quien tomó sus uvas con el firme propósito de acabar con las doce cuando la última campanada sonara. Por la prisa muchos olvidaron pedir un deseo, debido a la concentración que implica comer uvas al ritmo de las campanadas. Dimos por hecho que todos deseábamos cosas buenas para los demás y para nosotros mismos. Es delicioso todo este ritual de abrazos, besos, brindis y buenos deseos para iniciar una nueva cuenta, para vivir los primeros minutos del año.
La sobremesa se prolongó varias horas, en la que comimos el postre, bebimos un humeante y aromático café y un delicioso oporto.
Antes de pasar a la mesa mis hermanas ofrecieron ayudar a recoger mesa y cocina. No acepté su ayuda, pues a veces de rompe el encanto de una reunión cuando unos se van a la cocina a lavar trastos y otros se quedan cantando, tocando la guitarra o simplemente platicando.
Cuando cena, sobremesa y fiesta de Año Nuevo terminó la mesa lucía así:



La cocina, pese a que la habíamos dejado limpia antes de servir presentaba este aspecto:


Poco a poco, después de construir varias pirámides en el escurridor con vajilla, batería, utensilios y cubiertos, llegó el momento de vasos y copas:


Poco antes de encender la computadora y escribir esto, prácticamente todo había quedado listo para la próxima celebración.


Mi familia y amigos me desearon amor, salud y trabajo. Bueno, lo del trabajo ya comenzó a hacerse realidad, como pudieron observar en la secuencia que presenté.

Esa cara oculta de cada sobremesa, en la que ollas que deben ser talladas, trastos que deben ser fregados y cocinas que tienen que quedar limpias y ordenadas para el próximo tiempo de comida, aunque es escandalosamente visible, sólo la ven quienes no tienen más remedio que enfrentar una, dos o tres veces al día esa cita ineludible con el fregadero y varios artículos de limpieza.

2 comentarios:

Bego 爱芬 dijo...

Por el montón de cacharros se adivina, que lo pasasteis muy bien.

María Eugenia dijo...

Así fue, la pasamos muy bien, lo malo fue unas horas después frente al fregadero, pero así son las cosas.
Un abrazo cariñoso.