viernes, 31 de diciembre de 2010

Mi brindis para recibir el 2011

Feliz 2011

Brindo por mi familia, porque con ella y por ella sueño, gozo, trabajo, vivo feliz día a día.
Brindo por los amigos, porque con ellos y gracias a ellos se enriquece mi existencia.
Brindo por que en casa siempre haya un pan para compartir, un vaso de agua para saciar la sed, el caldo de pollo para aliviar dolores de barriga (y a veces también del alma) y los ingredientes necesarios para preparar el platillo favorito para expresar, con algo más que palabras, un te quiero.
Brindo por la memoria de esos días en que mi madre hacía su propia versión del milagro de la multiplicación de los panes y mi padre, incansable proveedor de amor y bienestar, anunciaba su buena suerte con bolsas repletas de pan dulce.
Brindo por la memoria, por el presente y por el futuro.
Brindo por la vida, con sus carencias y bendiciones, con sus retos y logros, que enseñan a disfrutar lo más simple y sencillo y a agradecer esos pequeños lujos que de vez en cuando me doy (aunque los tenga que pagar a meses sin intereses).
Brindo por el 2010, que gracias a Dios fue un buen año y por el 2011, que espero venga con su carga de amor, salud, trabajo y armonía para la familia y amigos de esta Sobremesa.

¡SALUD Y FELIZ AÑO NUEVO!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Las cuatro piernas del pollo


Si algo hacía feliz a mamá era ver la cara de sus hijos cuando descubrían que habría pollo para comer. No importaba cómo lo preparaba, siempre era muy apreciado. Y aunque la sopa de pasta o el arroz y los frijoles eran cosa de todos los días, cuando había pollo como guisado, hasta las tortillas con que lo acompañaban adquirían sabor a fiesta.

Nadie llevaba la cuenta sobre con qué frecuencia había en pollo en casa, la verdad, ese detalle carecía de importancia. Siempre hubo comida sobre la mesa y eso era motivo más que suficiente para sentirse muy agradecidos.

Guisos sencillos, preparados con verduras, en forma de tortitas capeadas y rellenas de queso fresco o añejo, bañadas en caldillos de jitomate o salsa verde, eran los más recurrentes. Había ocasiones en que alguno se mostraba un tanto remilgoso, sobre todo cuando el olor en la casa anunciaba que había llegado el turno de tortas de coliflor. La carne de res, que llevaba papá a casa era más o menos frecuente y se comía en forma de albóndigas en caldillo de chipotle, picadillo, salpicón o ropa vieja.

Qué no hubiera hecho mamá para cambiar el sabor de la monotonía, pero entre el trabajo de cuidar y atender ocho hijos, lo más preciado era lo práctico y rendidor.

En aquellos tiempos la crisis no era asunto de niños. Los niños no se enteraban de las dificultades económicas que enfrentaban los padres y por tanto no hablaban de cosas tan comunes hoy en día. Ignorábamos si los ajustes que en ocasiones hacía al menú se debían a que mamá había tenido que desviar parte del gasto para comprar una medicina, para enviar los hambrientos zapatos de alguno de nosotros a reparar o cosas por el estilo.

Pero cuando se trataba de pollo era como si se adelantara la Navidad, como si fuera el cumpleaños de alguno de los hermanos mayores o por lo menos un domingo con invitados. Mamá era una especie de maga, como probablemente la mayoría de las mamás lo son. Ella era capaz de complacer a todos cuando de distribuir las piezas de pollo se trataba.

En aquellos años era costumbre que las amas de casa compraran el pollo entero, de hecho no había venta de piezas sueltas. Podían pedir al pollero que lo partiera si planeaban hacer puchero o, si iban a seguir una receta para prepararlo al horno, lo llevaban entero y siempre con menudencias.

Por alguna razón los dos mayores y los dos pequeños siempre pedían pierna, los demás o nos resignábamos o realmente nos gustaban la pechuga y los muslos. Esa costumbre de no pensar en ella era muy propia de mamá. Decía que le encantaba cualquier pieza. Mientras quienes saboreaban hasta los huesitos, que quedaban sin nada de carne pegada en ellos, nadie notaba si a mamá le había tocado algo así como la rabadilla, las alas, las patas o la molleja y el hígado, tan menospreciadas por los chicos.

Era tan natural la forma en que servía y complacía a todos, que sólo años más tarde, cuando hubo tiempo para reflexionar sobre lo que ocurría en la mesa familiar antes de que papá muriera, caímos en la cuenta de que mamá hacía magia, reproducía el milagro de la multiplicación de los peces y los panes, en su versión piernas de pollo, o simplemente usaba su ingenio para no frustrar a nadie, sirviendo dos piernas que podrían parecer gigantes en las manos de los pequeños y dos "piernitas" (que en realidad eran alitas), del tamaño justo para los pequeños.

Eso sí, cuando éramos chicos todos estábamos convencidos de que en casa mamá conseguía en el mercado pollos de cuatro piernas.
Origen de la foto de alitas a la barbacoa

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Compras navideñas de última hora para la cena de Navidad, en Suite 101

Consejos para las compras navideñas de última hora para la cena

21-dic-2010 María Eugenia Mendoza Arrubarrena
Plaza Comercial DF - M.E. Mendoza
Plaza Comercial DF - M.E. Mendoza
En la víspera de Nochebuena los mercados, tiendas departamentales y supermercados lucen abarrotados de gente que hace compras de última hora.
Al parecer el signo de estos tiempos es precisamente la falta de tiempo.
La Navidad, que parecía tan lejana cuando en septiembre las tiendas comenzaban a ofrecer sus mercancías navideñas y la gente pensaba que tenía tiempo de sobra para hacer sus compras con calma, ya está a la vuelta de la esquina, ante el horror de quienes, además de no tener claro qué van a cocinar, obviamente todavía no han adquirido los ingredientes para la cena o por lo menos para el platillo con el que enriquecerán la mesa navideña.

Leer más en Suite101: Consejos para las compras navideñas de última hora para la cena http://recetasnavidad.suite101.net/article.cfm/consejos-para-las-compras-navidenas-de-ultima-hora-para-la-cena#ixzz18tLEKf2n

sábado, 18 de diciembre de 2010

Árbol de la vida para desear felices fiestas 2010


Árbol de la vida

Con  este árbol de la vida,
que no sigue los cánones,
pero toma los elementos terrenales
del alfarero que crea y recrea
escenas de la espiritualidad
de un pueblo que honra el milagro de la vida,
esta Sobremesa desea
a sus amigos amor, paz y felicidad.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Romeritos para la cena de Navidad


Esta Navidad, en muchos hogares mexicanos se prepararán diversos platillos tradicionales, entre los que están los romeritos, platillo también conocido con el nombre de "revoltijo" y que se consume igualmente en cuaresma.

Patricia Quintana, en su libro El sabor de México, lo ubica en la costa norte del Pacífico. Los camarones frescos enteros, en el mole, y las tortitas de camarón, preparadas con camarón seco hecho polvo, combinado con diversos ingredientes, le dan un delicado toque marino a un platillo que tiene como ingrediente principal esta variedad de quelite.

Vale la pena mencionar que bajo el genérico "quelite" están clasificadas las hojas verdes, los tallos tiernos, retoños o brotes de una planta, así como algunas flores. De manera que acelgas, espinacas, repollo, verdolagas, quintoniles y romeritos, entre muchas otras verduras, son quelites.
En tiempos de los aztecas los quelites eran verduras muy valoradas. Robert Bye y Edelmira Linares, investigadores del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, señalan en el estudio "Los quelites, plantas comestibles de México", que "de las 25 000 especies de plantas superiores que existen en México, alrededor de 500 son consideradas como quelites en el sentido amplio del concepto". En las zonas rurales son muy apreciados. Al comenzar las lluvias, al inicio también del ciclo agrícola, los brotes de hierbas espontáneas significan un importante recurso alimentario.

Resulta muy interesante saber que los quelites cumplían una función ritual en el México Antiguo. Los investigadores señalan que:
"En el siglo XVI Sahagún describió el huauquiltamalcuzliztli, ceremonia renovadora que se celebraba en el mes de enero, la cual se festejaba con tamales de quelites (quiltamalli). Aunque esta ceremonia no se practica más, posiblemente la sincronía entre los rituales aztecas y europeos con quelites se puede observar en las comidas de cuaresma".
Actualmente la incorporación de quelites, como los romeritos (Suaeda torreyana), a la comida de cuaresma y navideña no se asocia con la tradicion indígena.

La receta que presenta Patricia Quintana, en la que propone preparar el mole, se antoja laboriosa pero sin duda deliciosa.

Ingredientes para la salsa
2 tazas de manteca
1 ½ cebollas blancas rebanadas
6 dientes de ajo enteros
4 chiles anchos, lavados, desvenados y sin semillas
2 chiles mulatos lavados, desvenados y sin semillas
2 chiles pasillas, lavados desvenados y sin semillas
½ taza de pasas
1 taza de ciruelas pasa sin semilla


½ taza de semillas de ajonjolí, ligeramente tostadas
24 almendras sin tostar, sin hollejo
30 cacahuates sin tostar, sin hollejo
4 clavos de olor
6 pimientas negras
1 raja de canela de 5 cm de largo
2 tazas de caldo de pollo
½ plátano macho maduro, rebanado y frito
½ taza de pan molido tostado
2 rebanadas de cebolla blanca
Sal al gusto
20 ramas de cilantro
Tortitas de camarón
2 ½ tazas de camarón seco, sin cabeza ni cola, ligeramente tostado en su cáscara y bien molido
2/3 de taza de pan molido muy fino
2/3 de taza de queso parmesano o añejo rallado
10 claras de huevo
10 yemas de huevo ligeramente batidas
3 tazas de aceite vegetal

Las verduras
1 kilo de romeritos frescos finamente picados y cocidos en agua con sal durante 8 minutos, remojados en agua fría con sal durante 2 minutos y bien exprimidos
24 papitas rojas cocidas en agua con sal durante 8 minutos y peladas
2 tazas de nopales hervidos durante 25 minutos en agua con sal con ajo, picados y remojados en agua fría durante 2 minutos

Prepare la salsa: caliente un poco de manteca en una olla para caldo o cacerola. Saltee el ajo y la cebolla. Sáquelos y déjelos a un lado. Agregue los chiles y dore ligeramente en la manteca. Sáquelos y agregue más manteca, fría pasas, ciruelas, ajonjolí, almendras y cacahuates. Sáquelos y escúrralos. Agregue más manteca y fría ligeramente las especias. Muela todos los ingredientes en la licuadora o procesador de alimentos, agregando ½ taza de caldo. Añada el plátano macho y el pan molido. Vuelva a moler.

En la cacerola grande, caliente el resto de la manteca y fría la cebolla rebanada. Vierta lentamente la salsa y sazone. Hierva a fuego manso durante una hora o hasta que la grasa se acumule en la superficie. Agregue el resto del caldo y el cilantro, revuelva bien. Si la salsa se espesa demasiado añada más caldo o agua Cocine a fuego suave durante una hora.

Prepare las tortitas: muela en una licuadora o procesador de alimentos el pan molido y los camarones. Agregue el queso. En un tazón bata las claras hasta que formen picos duros e incorpore las yemas y la mezcla de camarón.
Caliente aceite en un sartén y fría pociones de una cucharada de la mezcla, fría por ambos lados, alrededor de 8 minutos o hasta que doren. No ponga demasiadas tortas de una vez. Déjelas sobre toallas de papel absorbente.

Agregue las tortas de camarón al mole. Ponga también los romeritos, papas y nopales. Cocine durante 25 minutos a fuego manso.

La chef Patricia Quintana sugiere servir este platillo con arroz blanco. Si en la cena de Navidad se van a ofrecer varios platillos más, puede prescindir de él.

Los romeritos constituyen uno de esos platillos que conforme se recalientan resultan más sabrosos. Una torta de romeritos es una de las delicias de estas fiestas más apreciadas.