miércoles, 17 de noviembre de 2010

La cocina mexicana, patrimonio cultural inmaterial, por Yuriria Iturriaga, en La Jornada

Ayer publiqué la información difundida en el sitio de la Unesco relacionada con la inscripción de la Cocina tradicional mexicana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (PCI) e incluí otras entradas dedicadas a cuatro elementos más, relacionados con la cultura alimentaria, con el fin de que los invitados a esta Sobremesa tengan esta información a la mano y conozcan lo que los Estados miembros presentaron para apoyar sus candidaturas.
En el artículo publicado en Suite 101 "Cocina tradicional mexicana ¿ahora sí a la lista de la Unesco?, cité a la antropóloga Yuriria Iturriaga, quien participó en la preparación del expediente presentado por primera vez ante el Comité Intergubernamental de Salvaguardia del PCI. Al final incluí la siguiente reflexión:
¿Quién capitalizará sus beneficios? Sin duda políticos, funcionarios públicos y personalidades de la gastronomía y el sector turismo. No obstante, es deseable que repercuta en la calidad de vida de quienes mantienen vivas estas tradiciones, pese a las crisis económicas, políticas, educativas, de salud y laborales que parecen ensañarse con la gente buena y trabajadora de estos dos estados y de todo el país.
Ahora reproduzco un fragmento del artículo de la antropóloga Yuriria Iturriaga, que podrán terminar de leer en el diario La Jornada.

Reconocimiento de la UNESCO
La cocina mexicana, patrimonio cultural inmaterial
Yuriria Iturriaga
Foto
Muestra gastronómica de Michoacán en el Antiguo Colegio Jesuita de PátzcuaroFoto La Jornada
 
Podríamos alegrarnos de la inclusión del expediente mexicano sobre cocina en la lista representativa para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial (PCI) si no fuera, entre otras cosas, porque las medidas de salvaguarda, que exige la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para otorgar la declaración de patrimonio mundial a un elemento cultural, en el caso del expediente mexicano no sólo no se presentan como compromisos del gobierno, sino como propuestas de la ONG Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, Sociedad Civil (lucrativa), y son medidas que consisten en sacar de sus comunidades a las cocineras tradicionales, darles cursos de higiene, técnicas culinarias, administración de empresas y publicidad, para que sus “miniempresas sean sembradas en las rutas turísticas” (sembradas entre los restaurantes de nouvelle cuisine mexicana que erigirán los firmantes del proyecto y sus apoyos).
Porque, ¿cómo pretender salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial y material que representan los saberes ancestrales del cultivo y procesamiento de los insumos de la tierra y las aguas, y las formas refinadas del consumo (con sus cientos de objetos: textiles, cerámica, cestería, vidrio, madera, realizados durante el descanso del campo) para ennoblecer el acto de comer como un reconocimiento a los dioses pródigos, presuponiendo que el desarrollo comunitario se propicia con miniempresas sembradas por donde pasa el turismo y suponiendo que las cocineras tradicionales son antihigiénicas y sus técnicas obsoletas?
Estaríamos felices si los miembros del Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del PCI se hubieran tomado la molestia de leer atentamente la propuesta del paradigma michoacano y hubieran recomendado al gobierno mexicano integrar todas las cocinas tradicionales del país, como un hecho y no como un proyecto de repetición de un modelo; si hubieran recomendado revisar el concepto de PCI, que rubricó el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia para la presentación oficial ante la UNESCO del expediente realizado por particulares reunidos en una ONG y responsables absolutos de las medidas de salvaguarda.
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