miércoles, 27 de octubre de 2010

Calaveritas, miniaturas de dulce y panes para la ofrenda de muertos



"Me da para mi calaverita", dicen los niños en las calles de la ciudad (aunque ahora también piden su halloween). Se supone que con las monedas que les dé el transeúnte adquirirán una o varias calaveritas dulces. En todos los mercados y dulcerías se ofrece una amplia variedad de calaveritas de azúcar, chocolate, amaranto y gomita, que además de adornar las ofrendas, son obsequiadas en la escuela o el trabajo con motivo del Día de Muertos.


Aunque toda ofrenda que se respete debe incluir alimentos preparados especialmente para honrar a los muertos de la familia parece que  la modernidad, con su falta de tiempo, espacio e incluso recursos para el festín, ofrece soluciones en miniatura, en este caso las elaboradas de dulce en las que se reproducen los platos más comunes, además de otros elementos artesanales. 


En todas las panaderías de la Ciudad de México se puede comprar la versión más común (en las zonas urbanas), del pan de muerto, ésta, la redondita, adornada con los "huesitos" y espolvoreada de azúcar granulada. Los hay de varios tamaños, desde individual hasta familiar. En algunos lugares lo hacen rellenos de cajeta, mermelada o crema pastelera o cubiertos con ajonjolí en lugar de azúcar. Acompañado con café negro o con leche, con chocolate caliente o frío, este pan forma parte de todas las ofrendas del Día de Muertos.

Fotografías tomadas por Larisa Argüero en la dulcería de Ivón Martínez y en la panadería "El 13", del mercado de la colonia Postal.




domingo, 24 de octubre de 2010

Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos. Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad




Con la fiesta del Día de los Muertos, tal como la practican las comunidades indígenas, se celebra el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos. Esas fiestas tienen lugar cada año a finales de octubre y principios de noviembre. Este periodo marca el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo predominante en el país.

Para facilitar el retorno de las almas a la tierra, las familias esparcen pétalos de flores y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde la casa al cementerio. Se preparan minuciosamente los manjares favoritos del difunto y se colocan alrededor del altar familiar y de la tumba, en medio de las flores y de objetos artesanales, como las famosas siluetas de papel. Estos preparativos se realizan con particular esmero, pues existe la creencia de que un difunto puede traer la prosperidad (por ejemplo, una abundante cosecha de maíz) o la desdicha (enfermedad, accidentes, dificultades financieras, etc.) según le resulte o no satisfactorio el modo en que la familia haya cumplido con los ritos.

Los muertos se dividen en varias categorías en función de la causa del fallecimiento, edad, sexo y, en ciertos casos, profesión. Se atribuye un día específico de culto para cada categoría. Este encuentro anual entre los pueblos indígenas y sus ancestros cumple una función social considerable al afirmar el papel del individuo dentro de la sociedad. También contribuye a reforzar el estatuto político y social de las comunidades indígenas de México.
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos están profundamente arraigadas en la vida cultural de los pueblos indígenas de México. Esta fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas permite el acercamiento de dos universos, el de las creencias indígenas y el de una visión del mundo introducida por los europeos en el siglo XVI.

Información tomada de:


Inscrito en 2008 sobre la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (originalmente proclamado en 2003)
Imágenes de la celebración en Michoacán



sábado, 9 de octubre de 2010

Finales felices, de Marcelo Suárez de Luna. Producción María García Esperón



A él le calculo ochenta y siete
(a ella, ochenta)
llegan casi al cierre al restaurante
(¿de dónde vienen?)
De arranque piden vino,
queso y pimientos
(¡le ponen sal!)
después fuccile
pesto y tuco.
Mientras tanto
se comen con los ojos
y conversan toda la comida
(son dueños del tiempo).
Él tiene un cigarro en el bolsillo.
Piden la cuenta y yo
que tengo la mitad de sus edades
los envidio como si fueran
estrellas de rock.
Y es que lo son. 

(C) Marcelo Suárez De Luna
Poesía Imperfecta
Voz: María Eugenia Mendoza
Realización: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX

 

domingo, 3 de octubre de 2010

Feria Nacional del Mole, en San Pedro Atocpan, Milpa Alta


Fotografía de Ignacio Urquiza,
tomada del libro "El sabor de México", de Patricia Quintana

En el pueblo de San Pedro Atocpan, en la Delegación Milpa Alta del Distrito Federal, se lleva a cabo del día 2 y hasta el 24 de octubre la tradicional Feria Nacional del Mole, que este año llega a su edición número 34.

En esta feria, como en todas las ferias gastronómicas, los visitantes tendrán oportunidad de probar variedades y sazones de productores de mole y restauranteros que lo mismo ofrecen platillos preparados para degustar en el ambiente festivo de la feria, que mole en pasta o polvo para llevar a casa.

Y aunque Puebla, con su emblemático mole poblano y Oaxaca, con sus siete moles, entre el que sobresale el negro, son los estados que se llevan las palmas en materia de moles, San Pedro Atocpan no se queda atrás, con su especialidad de mole almendrado, en el que los 27 ingredientes, entre chiles, especias, verduras, frutas, chocolate y otros más, le han hecho ganarse un lugar en el gusto de quienes saben de cocina mexicana.

Esta feria, organizada por productores y comerciantes de este singular pueblo, enclavado en una delegación política del Distrito Federal en donde la agricultura juega un papel importante, espera recibir alrededor de quinientos mil visitantes.

Cabe mencionar, que en la conferencia de prensa para anunciar la celebración de esta feria, Alejandro Rojas, Secretario de Turismo del Distrito Federal, informó que se está tramitando la inclusión de San Pedro Atocpan y su feria nacional en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por parte de la UNESCO.


Como ama de casa, me parece una fortuna que contemos con los moles preparados por expertos, así podemos ahorrarnos muchos pasos, desde la compra de tantos ingredientes hasta cocinar durante dos o tres horas el mole ya preparado, pasando por la tostada y desvenada de chiles; freír por partes cebollas y ajos (retirar de la cazuela con manteca y reservar) pasar a los ingredientes secos como las almendras, ajonjolí, ciruelas y otras frutas y moler todo cuando esté en su punto. Por supuesto que es fascinante todo el ritual y deliciosísimo el resultado, pero en un sentido práctico, insisto, es maravilloso que existan los moles en polvo y en pasta .

Quien asista a la feria podrá preguntar a los productores los secretos para preparar el mejor mole en casa, entre los que estarán, sin duda, un buen caldo de guajolote o pollo para disolver el mole de San Pedro Atocpan o de cualquier otra región del país y a partir de este mole preparar una enorme diversidad de platillos, como enchiladas, champandongo, romeritos, tamales, arroz con mole y por supuesto el mole para una boda y cualquier fiesta.