lunes, 17 de mayo de 2010

Comiendo con Reyes. Homenaje a Alfonso Reyes

Hombre gordito, aspirante a conquistador, comedor paciente, bebedor constante, gozador eficiente, amigo entrañable y sonriente. (Pago Ignacio Taibo I)

Por haber nacido el 17 de mayo (de 1889) y como lo indicaba la tradición poco faltó para que se llamara Pascual, nada menos que como el Patrón de los Cocineros, a quien Don Alfonso Reyes, sabio mexicano universal, dedicó versos y, probablemente debido al influjo de la fecha desarrolló inmensa pasión por la cocina.

Comiendo con Reyes. Homenaje a Alfonso Reyes es un libro de poco más de doscientas páginas que se lee con el enorme placer que provocan esos textos que invitan a conocer la obra del poeta y, por supueto, la de los cuatro autores reunidos en torno a una  mesa de Reyes, en donde lo mismo se degustan vinos que carnes y ensaladas (aliñadas con limón, mejor que con vinagre) y claro poesía.  Deliciosas anécdotas vividas en diversas geografías y momentos pero casi todas con los sabores y perfumes que la memoria retuvo y atesoró mientras bebían, comían, leían y prolongaban una sobremesa que seguramente nadie deseaba que llegara a su fin.

En esta obra concebida por Luis Rius leemos, a manera de presentación: Cuando la enfermedad irreversible invadió al poeta, éste encomendó a sus amigos el desarrollo del proyecto. Ya no era dueño de su tiempo. Por eso falta aquí su específica participación, que hubiera enriquecido notoriamente este discurso colectivo sobre la calidad epicúrea de don Alfonso Reyes.
Los autores de Comiendo con Reyes creen ahora cumplir con su encargo entrañable y, con toda justicia, dedican a la memoria de Luis Rius, inspirador del libro, sus textos y dibujos (de Guillermo Ceniceros).
La primera parte: Gastronomía, de Luis Cepeda, se titula "Gusto de Reyes". La descripción del lugar, de los frutos de la tierra y el mar, las costumbres de la gente que habita pueblos sin historia, labradores de sus propias huertas, pescadores en su ribera, ganaderos de sus rebaños... enmarcan la visita del Embajador Alfonso Reyes a Biriatou: hay un hecho singular que hace resaltar la desconcertante modestia virgiliana de Biriatou, y sirve de propósito geográfico al relato: si desde esta pequeña aldea, perdida en la Euskal-Herría francesa, trazamos un círculo imaginario de unos 200 kilómetros de radio, admitiremos sin rodeos que nos hallamos en el centro de una de las regiones más prodigiosamente dotadas en el universo para las experiencias gastronómicas. El Garona al Norte y el Ebro al Sur, el Pirineo aragonés al Levante y las Costas de Cantabria al Poniente, serían los límites geográficos del redondo mapa que incluye, como primeras providencias, las dos regiones vinícolas más acreditadas de España y Francia, la de Rioja y la de Burdeos, y las esencias de la vid más célebres de la sobremesa gala: el Cognac y el Armagnac.

La segunda parte: Antropología, de Santiago Genovés se titula "Alfonso Reyes y la cocina". Aunque este ensayo aborda temas interesantísimos sobre la especialidad del doctor Genovés, hay pocas referencias al homenajeado, con quien sólo conversó en una ocasión, cuando el joven antropólogo fue a solicitarle apoyo para obtener una beca para estudiar en Francia. No la obtuvo, recurriendo al sabio, aunque más adelante ganó una beca y estudió en Inglaterra.

La tercera parte: Ensayos gozosos, de Paco Ignacio Taibo I, se titula "Breviarios de Reyes".

Alfonso iba que volaba para Pascual Reyes, pero una comida cambió su nombre y en Alfonso se quedó. Ocurre que fue a nacer el día 17 de mayo de 1889, justamente el día de San Pascual Bailón. Pero su padre, el general, había acudido a un banquete en homenaje al rey Alfonso XII. Cuando le llegó la noticia de que hijo tenía, el general pidió permiso para abandonar los manteles y acudir junto al recién parido.
No le querían dejar irse al general, y cuando le concedieron la dispensa de seguir comiendo, fue a condición de que su hijo se llamara Alfonso, como el rey.
Aceptó el general y se fue a ver al niño, que en Alfonso varó para siempre. Pero san Pascual Bailón no se dio por vencido y estuvo hurgando toda la vida en la memoria de Reyes, que hasta le hizo versos y le aplaudió los suyos.
San Pascual Bailón fue un fraile levitador que se movía por la cocina a tres palmos del suelo, según se cuenta en los conventos franciscanos. Como esto de elevarse no le va al oficio de cocinero, que es cosa muy terrena y muy dura de pelar, los ángeles venían a ayudar al cocinero volante y guisaban por él: de tal forma que los otros franciscanos estaban felices con los guisos, que les parecían angelicales.
Con el paso del tiempo, los católicos dieron en hacer de San Pascual Bailón el patrono de los cocineros, y para don Alfonso es gran ausente, ya que, como fue demostrando a lo largo de su vida, estaba más cerca de la sartén que del trono.

En estos breviarios no podían faltar los versos de Reyes.

¡Ay Salambó, Salambona,
ya probé de tu persona!
¿Y sabes a lo que sabes?
Sabes a piña y a miel,
sabes a vino de dátiles,
a naranja y a clavel,
a canela y azafrán,
a cacao y a café,
a perejil y a tomillo,
a higo blando y dura nuez.
Sabes a yerba mojada,
sabes al amanecer.
                                          (Río de Janeiro, 1935)

La cuarta parte fue escrita por Luis Marcet y se titula "A la búsqueda de los placeres perdidos". Esta parte del libro es la más breve, pero tan sustanciosa y sabrosa como la obra de Reyes y el estilo del autor.

El diplomático acostumbra a querer los países en que debe parar una importante parte de su vida. Tras dar un vistazo a buena parte de su obra, se desprende en Reyes un amor tal por España que sólo supera su México. Y trascendió este amor a los momentos más duros hasta la mitad de este siglo.
¡De qué manera festiva festeja los buenos vinos y manjares de España!
"Fruta, sidra, y vino de calidad los había en cualquier sitio. Los tratadistas franceses, a diferencia de los ingleses, no siempre han sabido apreciarlos".

Llama la atención una reflexión en torno a las habilidades culinarias del poeta, cita con la que, además concluyo esta sobremesa dedicada a un ser humano extraordinario, cuyo mejor homenaje siempre será leer aunque sea algo de su prolífica obra:

No hemos llegado a saber si le gustaba cocinar, que es la máxima expresión del amor al prójimo, cuando el espíritu coquinario se apodera de alguien, pero tenía ideas clarísimas acerca de cómo debe enfocarse un guiso, en contra de los fanáticos de los pesos y medidas. "Que la cocina, aunque procede de recetas como la química y la farmacia, no es una ciencia exacta, sino más bien un arte impresionista."
"Que la misma receta, en cada ocasión, produce un resultado completamente distinto."
Lo que justifica la vida, independientemente de la labor profesional o intelectual de cada quien, es la búsqueda constante de los pequeños y grandes placeres perdidos, que rellenan tantos minutos vacíos de la existencia.

Comiendo con Reyes. Homenaje a Alfonso Reyes, Luis Cepeda, Santiago Genovés, Paco Ignacio Taibo, Luis Marcet. México, Editorial Posada, 1986, 2a. edición.


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