martes, 27 de abril de 2010

Papas: un alimento de altura para todos los gustos




Otras muchas legumbres se crían debajo de la tierra que los indios
siembran y les sirven de mantenimiento... Tienen en primer lugar la que
llaman papa, que les sirve de pan, cómenla cocida y asada, y también
la echan en los guisados pasada al hielo y al sol para que se conserve...
se llama chuño...
Inca Garcilaso de la Vega*


La papa es uno de los alimentos que se ganó, sorteando sobresaltos por la conquista y la desconfianza ante lo nuevo y diferente, un lugar privilegiado en las cocinas del mundo. Desde la región andina a las metrópolis europeas del siglo XVI (cuando arribaron las primeras variedades), se dice que fue recibida como una curiosidad botánica y muchos recelos ante la posibilidad de que pudiese ser venenosa. Tuvieron que pasar  siglos para su  plena aceptación en la cocina, vía el impulso que le diera Antoine-Augustin Parmentier, agrónomo, naturalista y militar francés, quien descubrió las virtudes de la papa en prisión y, ya en libertad, luchó por que el tubérculo fuera cultivado y consumido por la sociedad francesa.

Momentos históricos relacionados con la papa hay varios, pero sin duda, la experiencia irlandesa es una de las más aleccionadoras. Este país fue el segundo en cultivarla en forma extensiva, después de Perú, y la aceptó tan bien que basó su alimentación en ella. Desafortunadamente en el siglo XIX un hongo atacó a los tubérculos y esta plaga provocó una terrible hambruna. Se calcula que entre 1845 y 1846 murieron alrededor de dos y medio millones de irlandeses.

Actualmente muchas cocinas serían inconcebibles sin la presencia de la papa, entre ellas la alemana. En México está presente como ingrediente principal de muchos platos, pero también para hacer rendir o diversificar la comida, es decir, si a un plato de carne se le agregan papas, cuyo precio todavía es más bajo que el de la carne, se obtiene un platillo más abundante, rinde para más personas y cuesta menos.

Entradas, ensaladas, sopas, platos fuertes, panes, postres y bebidas preparados a partir de la papa hacen la delicia de las mesas a toda hora y en casi todas partes del mundo.

Estoy casi segura de que hasta quienes dicen no saber cocinar no tendrían mayor problema para abordar la preparación de una tortilla de papa a la española; unas tortas de papa;  una sopa; un puré; una ensalada alemana o un platón de papas a la francesa. Sin embargo, para lograr un resultado óptimo hay que saber dos que tres secretos, que en realidad no lo son tanto.

Recuerdos de mi niñez me llevan a espiar a los vecinos del departamento 14, una familia de origen gallego (nosotros, la familia Mendoza, vivíamos en el 16), quienes preparaban por lo menos una vez a la semana una espléndida tortilla de papa para cenar. Las ventanas de las cocinas quedaban frente a frente y los aromas de lo que se preparaba en ellas viajaban libremente. A nosotros nos llegaba el sonido de las papas al entrar al aceite caliente; el aroma de la cebolla y el ajo (que se incorporaban cuando las papas comenzaban a tener un suave dorado por fuera y casi estaban cocidas por dentro) y al final un dulce olor cuando la señora Maruja, nuestra querida vecina, volteaba la tortilla sobre el platón para devolverla al sartén para que se terminara de cocer.

¡Qué delicia de recuerdos! Seguramente a ellos también les llegaban ecos de lo que se cocinaba en casa, sobre todo los sábados, cuando mi mamá y mis hermanas horneaban una deliciosa rosca de anís, naranja y otros panes, pero eso será asunto de otra sobremesa. Lo que yo no sabía, cuando era chica, era que los vecinos usaban un sartén para freír las papas (peladas, cortadas en rodajas del mismo tamaño, lavadas y secadas) y cuando estaban listas, las vertían en el tazón, en donde ya estaban los huevos batidos y sazonados, para que todas quedaran bien bañadas de la mezcla y la terminaban de cocinar en otro, con el fin de que no se pegara y saliera perfecta. Es cierto que se ensucian más trastos, pero vale la pena.

Las tortas de papa, cuyos ingredientes son básicamente papas cocidas y prensadas, huevos, queso añejo, Cotija (o algún queso maduro tipo Parmesano), harina o maicena, perejil, sal y pimienta. Cuando las tortas ya están bien formadas es conveniente dejarlas reposar, de preferencia en el refrigerador, pues es recomendable freírlas frías, de otra manera se deshacen, además así absorben menos aceite. Se pueden servir con ensalada de lechuga y jitomate.

Cuando se preparan sopas en las que la papa va molida o triturada, como en el delicioso caldo verde, especialidad portuguesa, es importante molerla cuando está caliente, estoy segura de que eso lo sabe casi todo el mundo, pero lo comento por si acaso, ya que cuando  la papa cocida se licua  en frío la textura queda como chiclosa. Lo mismo ocurre con el puré. Para prepararlo prefiero pelar y cortar las papas en rodajas antes de cocerlas (es conveniente remojar las rodajas para eliminar un poco el almidón), de esta manera se hace más rápido. Cuando están cocidas se les escurre el agua y se pasan por el pasapuré. La mantequilla, la sal, la pimienta y una pizca de nuez moscada se agrega en ese momento y la leche caliente se va agregando poco a poco hasta obtener la consistencia deseada.

Para las ensaladas, se recomienda sazonar las papas cuando estén calientes, pues así los sabores de la vinagreta, mayonesa o crema que se use se impregnen bien. Una ensalada muy sencilla y deliciosa se prepara agregando cebolla finamente fileteada, vinagre, aceite de oliva, sal, pimienta y orégano sobre las papas cortadas en cubos como de dos centímetros. Si la receta incluye mayonesa, puede reducirse un poco la cantidad de grasa si sustituimos la mitad por crema ácida o yogurt.


* Gómez Suárez de Figueroa, apodado Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, Perú, nació el 12 de abril de 1539; murió en Córdoba, España, el 23 de abril de 1616.)
Fuentes: Cocina Prehispánica. Historia de la Cocina, de Lucía Rojas de Perdomo, Colombia, Editorial Voluntad, 1994
Papa, de James Mc Nair, Colombia, Editorial Voluntad, 1992

sábado, 24 de abril de 2010

Declaración Pro Homo Librofagus

Antiguo documento custodiado en la Biblioteca de Educación Infantil del Colegio Tremañes (Xixón, Asturies), expuesto públicamente por primera vez el 23 de abril de 2010.

Hoy al revisar mi correo electrónico encontré uno de los que me llegan vía grupo de la Revista Babar, en el que se incluía la liga al blog Hablamos de Literatura Infantil, en donde se publica esta Declaración Pro Homo Librofagus. En virtud de la belleza y pertinencia de este documento lo traigo a esta sobremesa que busca platicar sobre lo que alimenta al cuerpo y a todo nuestro ser, ya que somos lo que comemos, lo que leemos y lo que soñamos.

viernes, 23 de abril de 2010

Necesitamos libros como el agua, de Aurelio González Ovies, en la voz de María García Esperón



En este Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor deseo alimentar y dar de beber al espíritu con esta muestra de la poesía Aurelio González Ovies, en la voz de mi gran amiga María García Esperón.

Para leer este poema y conocer parte de la obra del poeta invito a los asistentes a esta sobremesa a hojear Todo es palabra.

¡Feliz Día del Libro!


jueves, 15 de abril de 2010

Chiles rellenos: sorpresas de sabor, textura y color


Dedicado a Anabel Sáiz Ripoll (feliz cumpleaños)

En la cocina mexicana, como seguramente ocurre en todas las cocinas del mundo, cuando se rellenan los alimentos (verduras, hongos, carnes, tortillas, panes, etcétera), además de potenciarse sus sabores, texturas y hasta valor nutrimental, éstos adquieren la categoría de sorpresa. De ahí que cuando preparamos el menú para una celebración especial vengan a nuestra mente platillos con esta característica.

En México, los chiles rellenos, capeados o no, son toda una sorpresa de sabor, textura y color, intrigantes para todos los sentidos, pues son platillos en los cuales los rellenos son tantos como ingredientes tengamos a la mano, desde frijoles hasta preparaciones complejas, como las usadas para los chiles en nogada, por ejemplo. El factor sorpresa se completa por lo picante o dulzón que resulte cada chile en particular.

Chiles capones rellenos de queso de cabra
Ingredientes:
10 chiles poblanos grandes (listos para rellenar, es decir, sin piel, semillas ni venas)
1 kg de queso de cabra fresco o de queso panela
1/3 de taza de hojas de epazote sin ramas
Hilo para amarrar los chiles
4 cucharadas de aceite de maíz
3 cucharadas de ajo finamente picado
3 tazas de cebolla fileteada
1/4 de taza de harina
8 tazas de caldo de pollo o de agua
1/2 taza de epazote en rama
Sal al gusto

Preparación de los chiles:
  •  Rellenar cada chile con queso y dos o tres hojas de epazote.
  • Amarrar cada chile con el hilo, procurando que queden bien cerrados. Reservarlos.  
Preparación del caldillo:
  • Freír en el aceite el ajo y añadir la cebolla; acitronar. Incorporar la harina y concer hasta que se forme una especie de masa (no dejar que la harina se dore). Añadir el caldo y mover lentamente con una pala para que los ingredientes se incorporen. Dejar hervir el caldo hasta que espese y quede con textura de salsa blanca.
  • Añadir el epazote y revisar la sazón. Sumergir los chiles en la salsa, tapar y dejar hervir cinco minutos a fuego lento. Servir inmediatamente, con bastante caldillo. Se acompañan con frijoles refritos y tortillas.
A la hora de emplatar se presenta con el hilo (como aparece en la imagen), para que cada comensal lo retire, enredándolo en el tenedor, ayudándose con una cuchara. Al quedar libre de su atadura el chile queda partido en pedazos, listo para comer con la ayuda de una cuchara.

Esta receta inspiró al chef Ricardo Muñoz Zurita a escribir el libro Los chiles rellenos en México. Antología de recetas, que fue publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1996. De acuerdo con lo que relata el autor la idea surgió [en una sobremesa] cuando Abdiel Cervantes, extraordinario chef mexicano, originario de Grajales, Puebla y amigo de Ricardo, preparó los chiles capones, a partir de la receta original de su familia. Cabe aclarar que un chile capón es al que se le han retirado las venas y las semillas, además de que no va capeado. En otras entradas incluiré más recetas extraídas de esta antología.
* * *
Querida Anabel: feliz cumpleaños en compañía de tu hermosa familia. Recibe un cariñoso abrazo.

lunes, 12 de abril de 2010

Comida chatarra: medidas propuestas para enfrentar el sobrepeso en México. La lucha de Jamie Oliver

 
Refrescos: importante fuente de energía para los consumidores
Diversas voces, autorizadas o no, bienintencionadas u oportunistas claman por que se prohíba la venta, en las tienditas de las escuelas  públicas del país (cooperativas escolares), de una diversidad de productos industrializados como botanas, pastelillos, refrescos y todo tipo de golosinas (en sus muy variadas presentaciones, desde una paleta de caramelo hasta, digamos, chocolates importados, pasando por chamoys y todo tipo de polvitos saborizados), debido a que el problema de sobrepeso y obesidad alcanza niveles importantes en la población escolar mexicana.

En virtud de que la convivencia cotidiana y durante las celebraciones de cualquier tipo los premios y castigos (sobre todo a los niños) han estado, al parecer desde siempre, íntimamente relacionados con la comida, llama la atención que se busque combatir un problema de origen multifactorial (como es la obesidad) mediante medidas que aparentemente son brillantes pero que no van a pasar de echar chispas y centellas contra este tipo de alimentos (muchos de ellos producidos por enormes  y hasta respetables transnacionales), mientras el problema seguirá creciendo,  porque aun en el remoto caso de que en todas las escuelas del país se aplicara dicha prohibición esto no querrá decir que los niños dejarán de consumir alimentos chatarra y que automáticamente recibirán una alimentación equilibrada, variada, sabrosa y de acuerdo con sus necesidades y actividades físicas e intelectuales. Por otro lado, al salir del plantel los niños, maestros y padres de familia seguirán encontrando una rica oferta de estos productos en las tiendas cercanas, supermercados, tianguis e incluso ahí mismo, afuerita de los planteles educativos. ¿Caerán en la tentación o la prohibición actuará como el antídoto al antojo e incluso a la adicción que algunas personas han desarrollado por este tipo de productos?
Galletas y barritas "energéticas"
Prohibir la venta de estos alimentos en las escuelas; incluir leyendas e íconos de advertencia sobre los riesgos a la salud en las envolturas y contenedores; incluir capítulos sobre nutrición en los libros de texto; realizar campañas educativas y tratar de limitar su publicidad en los medios de comunicación, entre otras, pueden resultar medidas adecuadas pero nunca serán suficientes si el desempleo sigue creciendo y el sueldo se encoge cada vez más; si la educación no responde a las necesidades y aspiraciones del país y de la gente; si se autoriza la producción, comercialización y publicidad de productos de dudoso valor nutrimental (por los altos contenidos de azúcar, sal, grasas, harinas refinadas y aditivos que los caracterizan) y no se ofrece orientación alimentaria que permita aprovechar al máximo los recursos económicos, alimentarios y culturales de la población.
Botanas para un antojo o para matar el gusanito del hambre
Escenarios posibles, que tal vez a algunos les parecerán ridículos pero que no puedo dejar de mencionar es que si se prohíbe la venta de estos productos en las escuelas podría darse el surgimiento de un mercado negro de papitas, galletas de animalitos, miguelitos o chocolatines en los salones de clase, así como que el niño sorprendido con estos productos  en su mochila sea exhibido y castigado como delincuente por transgredir la sana prohibición chatarrera.

Por otro lado, habría que considerar qué se espera de la inclusión, en las etiquetas, de advertencias sobre riesgos a la salud por el consumo de dichos alimentos ¿acaso a los fumadores los disuaden las leyendas que desde hace muchos años aparecen en toda una cara de las cajetillas de cigarros?

¿Cuáles alimentos, además de los que se pueden vender en las tienditas escolares entran en la categoría de chatarra, es decir, que según el diccionario sean de muy baja calidad? ¿Entrarán en la misma categoría los chicharrones con chile y limón que venden afuera de la escuela que las hamburguesas de las grandes cadenas con sus papas y refrescos gigantes? Una sopa instantánea, de las muchas que abundan en el mercado ¿entraría en esta categoría? Un tazón de corn flakes azucarados o enchocolatados (o con cualquier otro tipo de cereal en hojuelas, inflado, coloreado, fibroso o insípido) con leche, en el desayuno o en la cena ¿podría considerarse desayuno o cena completo y recomendable o chatarra?
Las sopas instantáneas sustituyen frecuentemente una comida
Emprender una guerra en contra de la comida chatarra significa declararle la guerra a grandes transnacionales (de los cereales, panes, galletas, refrescos, golosinas, cadenas de comida rápida, etc.) y de paso a pequeñas y medianas empresas productoras, en menor escala, de estos productos tan apreciados en las fiestas, como refrigerio a la hora del antojo e incluso como  opción de alimentación cuando el tiempo no alcanza ni para salir a comer. ¿Sería como ponerse "con Sansón a las patadas" o existe la esperanza de ganarla? ¿Y si  esas empresas dejan de invertir en el país? ¿Y si cierran las fábricas y eso aumenta el desempleo?

Hay muchos intereses en este asunto y lamento ser mal pensada pero creo que entre ellos no están la salud, la economía y la cultura alimentaria de las familias.

Quizá, a nivel familiar, la medida más sensata y sencilla sea trabajar en la creación o refuerzo de hábitos alimentarios positivos, para ello considero que la compra es clave, de manera que  ir al mercado y seleccionar juntos los alimentos determinará la composición de los menús y evitará que lleguen a casa productos que no valen lo que cuestan y en cambio aportan cantidades excesivas de azúcar, sal y grasa. Por otro lado, variar los alimentos que se consumen, su preparación y presentación resultaría cada día más fácil si se aprovechan consejos y sugerencias divulgados en revistas, libros, programas de televisión y blogs especializados que ofrecen ideas maravillosas. Por último, sería más efectivo educar que prohibir y satanizar. Que esos productos se vendan en la escuela no quiere decir que los niños a fuerzas tengan que comprarlos. Si bajara la demanda de los denominados alimentos chatarra tal vez la industria alimentaria tendría que responder de manera más creativa con una oferta diferente.

Para cerrar esta larga sobremesa quiero comentar que entre los chefs de clase mundial que me encantan está Jamie Oliver, a quien es una delicia ver cocinar. En esta ocasión incluyo este video que muestra su faceta como todo un luchador por una buena alimentación.






lunes, 5 de abril de 2010

Atribulaciones de una comensal. Un cuento que no es puro cuento

Por María Eugenia Mendoza
 
No podría mantener ese ritmo de gastos. No estaba bien que con su muy mermado ingreso, gracias, entre otras cosas, a las nuevas tasas impositivas, al aumento desmedido de los precios, a los altos intereses de las tarjetas de crédito y a su falta de previsión, llegara al final de la quincena con la tarjeta de débito en ceros, la de crédioto al tope, unos cuantos pesos en la cartera, el tanque de gasolina cercano a la reserva y la despensa y el refrigerador prácticamente vacíos.

Si aprendiera a poner un hasta aquí en su vida se podría ahorrar muchos problemas y una lana, que buena falta le hacía. Si siquiera tuviera la esperanza de un aumento de sueldo, pero no, en el mundo real las cosas parecían ir al revés, cada día hacía más y ganaba menos. "Date de santos que tienes trabajo", le dicen sus amigas ricachonas, con las que sale a cenar cada jueves.

Estaba claro, no iba a ganar más, pero podría gastar menos. En la víspera de la quincena y después de lo que había pagado por la cena con sus amigas se fue a la cama totalmente decidida. Preparó su estrategia, a partir del día siguiente, comiera con quien comiera, le pediría al mesero cuentas separadas. ¡Tan sencillo!, no se explicaba cómo no lo había hecho desde meses atrás. Se quedó dormida con una sonrisa de satisfacción en los labios.

Poco antes de la hora de la comida, como cada día de quincena, recibió los correos de  los compañeros del "club gourmet", como les decían todos en la empresa. Para ella había sido un triunfo que la invitaran después de casi dos años de trabajar ahí. Sucedió después de una noche de jueves, cuando coincidió con Luis, el subdirector jurídico, en el mismo restaurante en que cenaba con sus amigas. A partir de esa ocasión él la vio con otros ojos y ya no sólo como la tímida y casi invisible asistente del director de administración.

Llegó al restaurante elegido por Paty, la asistente de la directora. La mesa era más grande que de costumbre, hasta la directora general se les había unido. El mesero tomaba la orden de bebidas. Ella pidió un agua mineral, pues además de que no bebía era lo más barato y bien visto en esos lugares. Los demás, que bebían como cosacos, habían ordenado vodka, whisky o tequila. Dos charolas de quesos y carnes frías al centro, eran obligadas para la ocasión y las ordenó la jefa. Ella se abstuvo de probarlos, pese a que se veían deliciosos, se conformó con comer un poco de pan con mantequilla. Admiraba el desenfado con que se movían todos en ese ambiente tan refinado, sobre todo la directora. Por un momento ella tuvo la esperanza de que la  mundana mujer pagaría la comida y la facturaría como gastos de representación, casi siempre lo hacía, a ella le constaba y sabía que eso era práctica común. Por otro lado, si la jefa no pagaba ella había decidido decirle a sus amigos que cada quien pagara su consumo y no, como siempre ocurría, dividieran la cuenta en partes iguales. Seguramente comprenderían pues para nadie era secreto la diferencia de sueldos entre ellos y ella.

Un poco más relajada, llegado el momento pidió un filete de res a la tampiqueña (le alcanzaba para pagarlo y además le parecía muy práctico pedir un plato tan completo como sabroso, ojalá todos siguieran su ejemplo). Pero no, los demás ordenaron sopas, cocteles de camarones y ensaladas; filetes de res de 400 gramos, salmón y otras especialidades del mar y de la tierra. Tuvo que esperar a que todos terminaran sus sopas, cocteles y ensaladas para recibir su filete, que como todos saben es un plato de segundo tiempo. La jefa había revisado la carta de vinos y con su aire experto había ordenado tres botellas de una vez. Ella ni siquiera lo probó pese a la insistencia de la jefa. Con todo y sus atribulaciones en torno a los precios, la comida transcurría en un ambiente relajado, festivo, amigable.

Cuando todos declararon no poder comer un bocado más, Luis dijo que no podía faltar el pastel para festejar a la cumpleañera, en ese momento ella se enteró que era el cumple de Paty. No faltó el café, incluso uno que otro irlandés, ni los obligados digestivos, ordenados por la directora. Cuando todos (excepto ella, que dijo estar a dieta, por lo que no comería pastel ni pediría café y como no bebía, tampoco tenía copa de digestivo) estaban a punto de terminar sus postres, café y copas de oporto, jerez o anís, la jefa recibió una llamada. Como impulsada por un resorte se levantó, guardó su iPhone en su Louis Vuitton y de manera atropellada se despidió, sin decir ni pío sobre la cuenta, pero eso sí, antes de salir les dijo que los esperaba en la oficina, pues había mucho trabajo.

Paty se levantó para ir discretamente a retocar su maquillaje, poco antes de que el mesero dejara la cuenta sobre la mesa. Luis procedió a dividirla entre quienes quedaban. Ella palideció al escuchar la cantidad, que incluía el quince por ciento de propina. En ese momento iba a decir que lo justo sería que sólo pagara lo que había consumido (a todos les constaba que sólo había comido lo que ella había ordenado), claro que no se opondría a pagar la parte proporcional del consumo de Paty. Pero no se atrevió, eso no sería bien visto y seguramente ya no la invitarían la próxima quincena. Sacó su tarjeta de débito, en la que le habían depositado su raquítica quincena esa mañana y la puso junto con las golden y platino de sus seis compañeros del selecto "club gourmet".
Carne a la tampiqueña

Existen variables de este plato, pero lo que no puede faltar para acompañar este corte de filete de res, asado a las brasas o a la plancha, es arroz blanco o rojo, frijoles refritos y rajas de poblano (que en algunos lugares preparan, asadas y fritas sólo con cebolla fileteada y en otros, también con crema). Incluye también chilaquiles o una enchilada de pollo en salsa verde o mole rojo.

Foto: Larisa

jueves, 1 de abril de 2010

Sopa de palillo de morcilla, de Hans Christian Andersen, en el marco del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil

El 2 de abril es el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, es decir, es un auténtico día de fiesta. La fecha fue elegida para celebrar el cumpleaños de Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés, nacido en 1805, que legó a generaciones y generaciones una prolífica obra, que es difundida de las más variadas formas. Entre sus cuentos, los más populares y que seguramente vendrán a la mente de todos, están El patito feo, La Sirenita, La princesa y el guisante (chícharo), Pulgarcita, Los zapatos rojos y El traje nuevo del Emperador.

Vale la pena leer y releer las historias del poeta y escritor, quien en muchas de sus obras no dudó en castigar severamente la soberbia de sus personajes, como en el cuento La niña que pisoteó el pan, aunque tampoco lo hizo cuando se trató de premiar a los personajes de Las habichuelas mágicas.

Sus personajes humanos, animales y hasta objetos de uso diario, como una tetera, dan vida a sus historias, como en el cuento titulado precisamente así, La tetera:

Érase una vez una tetera muy arrogante; estaba orgullosa de su porcelana, de su largo pitón, de su ancha asa; tenía algo delante y algo detrás: el pitón adelante, y destrás el asa, y se complacía en hacerlo notar. Pero nunca hablaba de su tapadera, que estaba rota y encolada; o sea, que era defectuosa y a nadie le gusta hablar de los propios defectos, ¡bastante lo hacen los demás!. Las tazas, la mantequera y la azucarera, todo el servicio de té, en una palabra, a buen seguro que se había fijado en la hendedura de la tapa y hablaba más de ella que de la artística asa y del estupendo pitón. ¡Bien lo sabía la tetera!...

Mientras que para algunos la idea de preparar "sopa de palillo de morcilla" (surgida durante una sobremesa después de un banquete en el que sólo quedaron los palillos de la morcilla), puede convertirse en una misión prácticamente imposible sin ayuda de la magia, para otros más prácticos es cuestión de contar con los utensilios e ingredientes adecuados, sin que falten los soñadores aspirantes a poetas, que toman su propio camino para enfrentar los retos.

"Cuando se es poeta, se sabe preparar sopa con palillos de morcilla", afirmará una de las ratitas del cuento, misma que no duda en devorar libros para lograr su objetivo, aunque habrá que ver lo que consigue.

El escritor, sin embargo, pone en boca de una sabia lechuza la verdad o al menos la verdad de un sabio personaje:

Eso de sopa de palillos de morcilla es una expresión de los humanos, y tiene diversos sentidos, y cada cual cree acertado el que le da. Es, como si dijéramos; 'nada entre dos platos'. Y, de hecho, es esto: nada".
Este Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, además de conmemorar el aniversario de Hans Christian Anderesen leyendo y releyendo sus obras se antoja una sobremesa en la que salgan a relucir sus historias y personajes, así como las de otros autores clásicos y contemporáneos que hacen las delicias de chicos y grandes.

Queda la invitación a echar ojo al librero, a visitar la biblioteca virtual o real o de plano la librería para contar con los ingredientes más sabrosos para alimentar el espíritu.