sábado, 20 de marzo de 2010

Conjunto comercial y cultural Abelardo Rodríguez. Un mercado con obra de muralistas, discípulos de Diego Rivera



Ayer que leía mis apuntes para un reportaje sobre los mercados recordé con una mezcla de nostalgia y alivio lo que significó para mi familia y para mí el Abelardo Rodríguez: sobrevivencia (al morir mi padre, mi mamá no aceptó que ninguno de sus ocho hijos se separara de ella y encontró en un negocio de comida la forma de mantener unida a la familia), decisión que implicó la renuncia a varios aspectos de la niñez, trabajo de sol a sol por más de una década, la relación con la comida desde la perspectiva del negocio pero también como fuente de placer tanto para los clientes de la lonchería "La Tropical" como para nosotros mismos.


Ir y venir todos los días, después de clases, terminar el día agotados, de alguna manera nos hizo indiferentes al arte mural que daba vida a las diversas áreas de este conjunto comercial y cultural, sabíamos que estaba ahí, a veces nos deteníamos a observar algún detalle pero nada más. En ocasiones era más fácil observar el acomodo de la fruta, la forma en que los marchantes cortaban el pollo que los murales que estaban a sus espaldas.

Al paso de los años los recuerdos llegan distorsionados, a veces adornados con papel picado y la algarabía de las fiestas, en otras con la crudeza de la miseria que sabíamos se había apoderado de los alrededores desde mucho tiempo atrás.

El Abelardo Rodríguez fue concebido como un conjunto que debía cumplir con las exigencias de una ciudad que se preparaba para entrar a la modernidad, un tanto tardíamente según algunos, pero con una visión de lo que podrían llegar a ser espacios de alta concentración, como los mercados. 


El edificio alberga al Teatro del Pueblo, así como una enorme área cívica que es utilizada para actividades educativas y recreativas, entre las que sobresalen las clases de danza.


El conjunto Presidente Abelardo Luján Rodríguez fue construido sobre los restos del Colegio de San Pedro y San Pablo. Tiene una superficie de 12,450 metros cuadrados. La obra estuvo a cargo del arquitecto Antonio Muñoz García.

El edificio es una mezcla de estilos, como apunta el texto de Ernesto Soto Páez, en la Enciclopedia Temática de la Delegación Cuauhtemoc: "junto a las arcadas de forma barroca se realizaron líneas y detalles belle époque y entre los toques de art nouveau se colocaron plafones art decó en el Teatro Cívico Álvaro Obregón (conocido desde 1935 como Del Pueblo), cuyo amplísimo vestíbulo fue decorado por Antonio Pujol, quien realizó un mural sobre las luchas sindicales mineras".

El Abelardo se distingue por su magnífica obra mural, cuyo valor estético e histórico es reconocido por nacionales y extranjeros. De hecho está considerado como atracción turística, sin embargo, es lamentable que pese a que los trabajos de restauración de la mayor parte de los murales, pintados por amigos y discípulos de Diego Rivera, está a punto de concluir, el estado del edificio en su conjunto no refleja la importancia que tiene tanto para los locatarios y vecinos, quienes por generaciones han dado vida al mercado como en general para el país, pues al mercado y sus alrededores llegan diariamente comerciantes de todo México para realizar las más diversas operaciones comerciales. 

Después del sismo del 85 y debido al derrumbe o daño de edificaciones habitacionales, muchas familias tuvieron que salir de la zona, lo cual, además de toda la carga emocional y económica que tuvo para los damnificados, tuvo un impacto en los productos y servicios que ofrecía el mercado. Actualmente, aunque siguen vendiéndose alimentos básicos como carne, pescado, pollo, frutas, verduras, lácteos, etcétera, muchos locatarios se vieron obligados a cambiar el giro comercial y encontraron una opción en la comida preparada, para llevar o consumir en los diferentes locales interiores, para satisfacer la demanda de los trabajadores que van y vienen diariamente. Recurro a mis apuntes y rescato la respuesta que me dieron algunos locatarios cuando les pregunté ¿a qué sabe el Abelardo?: "a tradición y a historia. A tradición porque lo que preparamos y vendemos forma parte de la cocina mexicana y a historia porque los alumnos de Diego Rivera pintaron los murales que admiran los clientes y los turistas y ahí está plasmada mucha de la realidad de nuestro pueblo".


De acuerdo con la cédula que uno puede leer en el patio central del conjunto, a propósito de la obra del maestro Pablo O'Higgins, uno de los diez artistas, entonces discípulos de Diego Rivera, que le dan voz no sólo a buena parte de los muros del Conjunto, sino a todos los personajes que quedaron plasmados en ellos: "...la mayor parte [de los personajes] eran trabajadores o vecinos del barrio, a quienes veía en su caminar de Belisario Domínguez 43 al Mercado: el zapatero, el albañil, el soldado, el cargador, el fumador, el borracho, el soñador, el jugador... y las mujeres. Los apuntes de O'Higgins, con su línea precisa evocan un mundo que fue y que de otra forma hoy sigue siendo, ya no como una presencia de la anhelada transformación revolucionaria sino como los marginados de siempre, cuyos oficios u ocios dependen de un proyecto que escapa a sus manos, pues se hallan sujetos a la modernización del país".

Los murales distribuidos en el área del mercado, el Centro Comunitario, el Patio Central, el Teatro del Pueblo y las escaleras que conducen a la Escuela de Danza fueron pintados por: Ángel Bracho "Brachito", Pedro Rendón, Pablo O'Higgins, Ramón Alva Guadarrama (quien enseñó a los pintores la difícil técnica del fresco), las hermanas Grace y Marion Greenwood, el estadunidense-japonés Isamu Noguchi (autor de un esculto-mural), Raúl Gamboa y Miguel Tzab Trejo.

Aquí es necesario aclarar que ahora que tomé las fotografías (se dan cuenta que no soy fotógrafa) no alcancé a ver si los murales están firmados, además se advierte la ausencia de cédulas de identificación. Habrá que esperar al mes de abril, en que se entregará la obra restaurada para ver si las autoridades culturales incluyen esta información.

El conjunto Abelardo Rodríguez cuenta con siete anchas escaleras, altos techos, marcos de piedra y puertas y ventanas de herrería. La nave tiene forma de estación de ferrocarril. Fue inaugurado en 1934.

Está ubicado en la calle de República de Venezuela número 72, entre Rodríguez Puebla y El Carmen, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

La recomendación de esta larguísima sobremesa es destinar por lo menos dos horas al recorrido. Tratar de visitar el Teatro del Pueblo, el Centro Comunitario, en la planta alta, y disfrutar de alguno de los platillos preparados de los locales interiores o de las especialidades del mar que venden en la ostionería ubicada en la calle de Rodríguez Puebla, en donde hace muchos años estaba "La Tropical".




2 comentarios:

María García Esperón dijo...

¡Maru, descubres un mundo dentro de un mundo!

María Eugenia dijo...

Querida María:
Gracias por ser parte de esta sobremesa. La poesía de Aurelio González Ovies, tu voz y mirada han avivado sentimientos y recuerdos.
Te mando un abrazo.